1. Sabes lo que te llevas.
Si no eres fan de las sorpresas, adoptar un perro mayor podría ser la opción ideal para ti. Desde el primer momento conocerás los datos más importantes, como su tamaño definitivo, temperamento y necesidades de aseo. Esta información te facilitará elegir el perro que mejor se adapte a ti y a tu estilo de vida.
2. Puedes salvar una vida.
El término «perro mayor» suele aplicarse a cualquier perrito que supere los 7 años. Aunque los perros pequeños maduran mucho más despacio que los grandes, en general los perros de más de 5 años simplemente pasan desapercibidos en un refugio. Los refugios están saturados y los perros mayores suelen ser los primeros en ser sacrificados si no se adoptan a tiempo.
3. Sí se pueden enseñar trucos nuevos a un perro viejo.
A pesar del dicho popular, un perro puede aprender a cualquier edad. Muchos perros mayores ya llegan adiestrados, o al menos conocen comandos básicos como sentarse y quedarse quieto. Si no es así, los perros mayores son más tranquilos y tienen una capacidad de atención mucho mayor que los cachorros, lo que los hace más fáciles de entrenar.
Un perro mayor no requiere la misma supervisión constante que un cachorro. Lo más probable es que ya esté adiestrado para hacer sus necesidades fuera de casa, y como ya tiene todos sus dientes definitivos, no irá mordisqueando tus muebles. Este perro sabe lo que es vivir en un hogar y se adaptará rápidamente.
5. Los perros mayores necesitan un hogar tanto como los más jóvenes.
En muchos casos, cuando un perro mayor acaba en un refugio no es por razones relacionadas con su comportamiento. El fallecimiento de su dueño, las alergias, la pérdida de empleo y otros cambios en el estilo de vida son motivos habituales por los que un propietario se ve obligado a entregar a su perro. Estos perros ya saben lo que es sentirse queridos, y se convertirán de inmediato en un compañero leal y cariñoso.