Pocos cargos en el mundo animal son tan prestigiosos como el de Ratero Jefe de la Oficina del Gabinete. El honorable gato que ocupa este puesto tiene la misión de eliminar los ratones de la residencia oficial del Primer Ministro del Reino Unido en el número 10 de Downing Street.
Los Rateros Jefes llevan sirviendo al reino durante siglos. El primer ratero fue empleado durante el reinado del infame Henry VIII, cuando el Cardenal Wolsey instaló un gato mientras actuaba como Lord Chancellor en 1515.
Los Rateros Jefes llevan sirviendo al reino durante siglos. El primer ratero fue empleado durante el reinado del infame Henry VIII, cuando el Cardenal Wolsey instaló un gato mientras actuaba como Lord Chancellor en 1515.

Los Rateros son mucho más que mascotas de familia. Es habitual que los mandatos de los Rateros no coincidan con los de los Primeros Ministros con quienes comparten su hogar. Wilberforce, que trabajó como Ratero durante 18 años —el mandato más largo de la historia—, sirvió bajo Edward Heath, Harold Wilson, Jim Callaghan y Margaret Thatcher.
Los registros oficiales publicados muestran que la primera mención moderna del Ratero data del 3 de junio de 1929, cuando el Tesoro autorizó al Encargado de la Oficina “a gastar 2d al día de la caja chica para el mantenimiento de un gato eficiente.”
El actual ocupante del cargo es ‘Larry’, quien fue contratado en 2011 después de que los medios de comunicación avistaran ratas en la entrada del número 10 de Downing Street, tras la jubilación del anterior Ratero, Sybil, en 2007. Las hijas de David Cameron lo eligieron del Battersea Dogs and Cats Home ante la presión pública y la de una “facción pro-gatos” dentro de Downing Street, según un portavoz, que exigía un nombramiento.

Según el sitio web del número 10, “Larry pasa sus días dando la bienvenida a los visitantes de la casa, inspeccionando las defensas de seguridad y probando los muebles antiguos para evaluar su calidad como lugar para echarse una siesta. Sus responsabilidades cotidianas también incluyen contemplar una solución a la presencia de ratones en la casa. Larry afirma que esto aún está ‘en fase de planificación táctica’.”
Los Rateros Jefes de la historia siempre han encontrado un lugar en el corazón del público británico. Wilberforce, cuando apareció en televisión junto a Margaret Thatcher, recibió con diferencia más correo de admiradores que ella. Se dice que la dama de hierro le compró una lata de sardinas durante una visita a un supermercado en Moscú.
Humphrey fue otro popular y longevo Ratero Jefe digno de mención. Nombrado así en honor a Sir Humphrey Appleby, personaje del exitoso programa de televisión Yes, Minister, se dice que Thatcher aprobó su nombramiento tras la jubilación de Wilberforce, ya que el coste de un Ratero Jefe (£100 al año) era mucho más conveniente para el presupuesto departamental que contratar a una empresa de control de plagas (que presupuestó £4.000).

Hizo esperar al Rey Hussein de Jordania cuando se negó a apartarse de la alfombra roja de bienvenida tendida para el monarca, y casi fue atropellado por el coche blindado de Bill Clinton cuando salió a inspeccionarlo.
Se armó un gran revuelo cuando desapareció en 1995 durante tres meses. Se pensó que debía haberle ocurrido algún accidente mientras rondaba por la ciudad, y The Times publicó un obituario. Sin embargo, los miembros del Royal Army Medical College, a una milla del número 10, se sorprendieron al ver el parecido entre el gato callejero que habían estado cuidando y el Ratero Jefe. Se contactó con Downing Street y llegó el personal del Primer Ministro. Se realizó una búsqueda por el Colegio y el gato —que resultó ser Humphrey— fue encontrado durmiendo en el cuartel de un soldado.

El gato presidencial, Socks Clinton, le envió un mensaje a su colega felino de alto rango deseándole lo mejor y expresando su alegría por su regreso sano y salvo a su puesto.
En 1992, un memorando gubernamental elogió la conducta de Humphrey: 'Tiende a comer poco y con frecuencia, sin duda porque sabe que puede conseguir comida cuando quiera. Es un adicto al trabajo que pasa casi todo su tiempo en la oficina, no socializa demasiado ni acude a muchas fiestas, y no ha estado involucrado en ningún escándalo de sexo o drogas que conozcamos.'


