A la hora de planificar la mudanza con tu gato, es útil dividir el proceso en tres fases: los preparativos previos a la mudanza, el traslado en sí y la adaptación de tu minino a su nuevo hogar. Preparar a tu gato para el gran día comienza por ayudarlo a adaptarse a los cambios antes de que ponga una pata en la nueva casa. Por ejemplo, saca las cajas de mudanza varias semanas antes de empezar a empacar para que se acostumbre a su presencia. Si tu gato se pone nervioso durante el empaquetado, llévalo a una habitación más tranquila, lejos del bullicio. También conviene presentarle el transportín con antelación: déjalo abierto en el suelo para que lo explore a su ritmo. Colocar una cama suave y algunos premios sabrosos dentro del transportín animará a tu gato a entrar; si tu mascota es reacia a hacerlo por su cuenta, poner el comedero cerca del transportín también fomentará la exploración. Así lograrás que tu gato asocie el transportín con algo positivo, lo que hará que el día de la mudanza sea menos traumático.
A medida que se acerque la mudanza, mantén la rutina diaria de tu minino lo más estable posible, dándole de comer siempre a la misma hora. Cuando por fin llegue el gran día, ofrécele un desayuno más ligero de lo habitual para reducir el riesgo de que le revuelva el estómago. Mantén el transportín cerrado durante el trayecto para evitar intentos de fuga, y vigila a tu gato tanto en la casa antigua como en la nueva para asegurarte de que no se escape por la puerta.
Mudarse con una mascota puede ser estresante, pero con una planificación y preparación adecuadas, puedes reducir la ansiedad de tu gato y lograr que el día de la mudanza sea más llevadero tanto para ti como para tu amigo felino.