Los puntos calientes no solo son dolorosos para tu mascota, sino que también pueden ser estresantes de tratar. Ya sea que estén causados por una alergia a las pulgas o por estrés emocional, es importante llegar a la raíz del problema para poder detenerlo desde su origen.
Los puntos calientes son una respuesta inmunitaria que provoca que ciertas zonas de la piel de tu perro produzcan en exceso bacterias naturales, generando lesiones rojas, irritadas e incluso con supuración. Aunque cualquier mascota puede desarrollar esta dolorosa condición, los puntos calientes son más comunes en razas de pelaje grueso, mascotas con mala higiene y aquellas que sufren todo tipo de alergias. Si no se tratan, pueden extenderse rápidamente, por lo que es importante abordar el problema en cuanto notes que tu mascota padece estas irritaciones.
Tratar la herida debe ser la primera prioridad una vez que notes que tu mascota sufre de puntos calientes. Comienza retirando con cuidado el pelo en la zona infectada y alrededor de ella, y luego desinfecta el área con povidona yodada diluida u otro antiséptico. Continúa limpiando la herida con la frecuencia necesaria para mantenerla limpia, seca y sin pus —al menos dos veces al día en las primeras etapas del tratamiento. Dado que los puntos calientes pueden extenderse rápidamente y provocar fiebre o afecciones cutáneas graves, lleva a tu mascota al veterinario si las llagas siguen creciendo después de varios días de tratamiento en casa. Asegúrate de evitar que tu compañero lama o muerda la zona infectada cubriéndola o poniéndole un collar isabelino.