Todos los perros son diferentes y, por tanto, tienen necesidades de ejercicio distintas. Los cachorros y los perros jóvenes necesitan más actividad que los perros mayores. El ejercicio regular, por ejemplo, puede calmar a un perro joven y ayudarle a entender su entorno. Sin embargo, hay que tener cuidado de no someter a un cachorro a un esfuerzo excesivo hasta que sus placas de crecimiento se hayan cerrado, lo que suele ocurrir alrededor de su primer cumpleaños. Los perros geriátricos también necesitan ejercicio, pero del mismo modo conviene limitar la actividad para no cansarlos demasiado ni lesionar su cuerpo envejecido. El estilo de vida del perro también debe tenerse en cuenta al decidir el nivel de actividad. Los perros que viven al aire libre pueden ejercitarse suficientemente corriendo alrededor de la casa de su dueño. Los perros de interior, por su parte, pueden no ser tan sedentarios como parece, especialmente si en el hogar hay niños que juegan con ellos con regularidad.
Una buena regla general es que un perro de entre uno y seis años debería hacer media hora de ejercicio intenso (como correr o hacer senderismo) o una hora completa de actividad moderada (por ejemplo, un paseo por el barrio) de forma diaria. Sin embargo, es importante dejarse guiar por el comportamiento del propio animal. Si tu perro está hiperactivo, muerde cosas, ladra y reclama tu atención de forma insistente, probablemente necesite más ejercicio. Si, en cambio, está tranquilo tumbado y no tiene sobrepeso ni ganas de salir, puede que ya esté recibiendo la cantidad adecuada. Si, por otro lado, tu perro se muestra reacio a salir o se rezaga y descansa a cada momento durante el paseo, quizás le estés exigiendo más actividad de la que realmente necesita.
En cuanto a la forma de ejercitar a tu perro, hay infinidad de maneras de mantener las cosas entretenidas e interesantes. A los perros les gusta ser estimulados, así que intenta evitar las actividades aburridas. Los paseos por el barrio siempre son beneficiosos: tu mascota hace el ejercicio necesario y además se pone al día de todo lo que ocurre en su territorio, por así decirlo. El clásico juego de lanzar y traer la pelota es otra actividad estupenda. Esconder objetos y pedirle que los encuentre es otro ejercicio que combina la estimulación física y mental. Hacer que tu perro salte obstáculos es también una idea divertida. Recuerda llevar premios para recompensar el buen comportamiento cuando estéis fuera. Lleva también abundante agua, especialmente si lo llevas a una caminata exigente o si hace mucho calor. Si hace frío, puede que quieras llevarle un jersey o abrigo para perros, según el temperamento de tu mascota. Pase lo que pase, no dejes que el frío invernal sea una excusa para no darle a tu perro el ejercicio que necesita. Si estáis en casa, sube y baja escaleras, juega con juguetes o enséñale trucos, y asegúrate de no caer en la trampa de darle premios en lugar de atención cuando no podáis salir.
Durante la actividad, jadear es buena señal: significa que tu perro está haciendo un esfuerzo real. Los silbidos al respirar, en cambio, pueden indicar que lo estás forzando demasiado; en ese caso, tómatelo con más calma. Al terminar, tu mascota debería estar visiblemente cansada. De vuelta en casa, asegúrate de darle abundante agua. También puede ser un buen momento para bañarle: así disfrutará del frescor del agua y, para tu comodidad, es posible que esté suficientemente tranquilo como para dejarse bañar sin demasiado alboroto. Después, ¿por qué no acurrucaros juntos y daros un merecido descanso? Ejercitar a tu perro no debería ser una obligación, sino una forma de fortalecer el vínculo con tu mascota.