Perros y eccema

August 16, 2014 • danielle

Perros y eccema
El eccema es un síntoma más que una enfermedad en sí misma. Es un término general que se aplica a la inflamación de la epidermis, o capa externa de la piel. La aparición de enrojecimiento, pérdida de pelo, pápulas, pústulas, llagas húmedas, costras, descamación y sequedad son indicadores de que tu perro padece esta afección.
 
Dado que se define como un síntoma, el eccema puede tener muchas causas diferentes. La inflamación puede deberse a la exposición a sustancias químicas, plantas, alérgenos alimentarios, polvo, humedad y picaduras de insectos. También puede ser un síntoma de infecciones de origen vírico, bacteriano, fúngico o por levaduras. En otros casos, la causa es el autotraumatismo, como el lamido, mordisqueo, masticado, rascado o frotamiento repetido, provocado por el estrés o por infestación de piojos o pulgas.
 
Los perros que viven principalmente al aire libre son los más propensos a verse afectados por esta afección, que se agrava con la humedad, las condiciones meteorológicas adversas y el crecimiento estacional de las plantas. El eccema suele afectar especialmente a las zonas menos protegidas por el pelaje del perro, como las patas, el mentón, el hocico, los corvejones, las rodillas y el vientre. 
 
El diagnóstico puede lograrse mediante una rápida inspección visual; sin embargo, el tratamiento del eccema puede ser complicado debido a la variedad de causas posibles. Puede ser necesaria la consulta con un veterinario para identificar las causas más probables. Si se sospecha de alérgenos alimentarios, la mejor forma de determinar con precisión cuáles son los alimentos «problemáticos» son los ensayos supervisados en los que se eliminan grupos de alimentos para comprobar si los síntomas persisten.
 
Los posibles parásitos que causan el problema pueden identificarse mediante examen físico y muestras de piel. Los cultivos bacterianos y fúngicos y el examen microscópico del pelo también pueden utilizarse para detectar organismos que podrían ser responsables del eccema. Si se determina que este es el motivo, el veterinario generalmente recetará medicamentos especializados.
 
Si un perro se autolesiona y los parásitos no son un factor, es necesaria la intervención conductual. El estrés, el aburrimiento y la soledad pueden llevar a un perro a lamer obsesivamente su piel y provocar una irritación dolorosa. Las soluciones pasan por aumentar el ejercicio y la socialización, que en casos graves pueden combinarse con medicación antiestresante para perros.

Hasta que se pueda determinar y eliminar la causa raíz, el objetivo es reducir el malestar del perro afectado. Existen cremas y geles calmantes específicos para este problema que no son tóxicos si el perro lame la zona tras la aplicación, y deben usarse hasta que el eccema desaparezca. 

 
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