En el mundo canino existe una gran variedad de comportamientos que los perros comparten entre sí, como olerse la cara, olerse la parte trasera, mover la cola y lamerse, pero, algo importante: nunca se abrazan. Los perros tienen métodos particulares de saludo, ninguno de los cuales implica poner una pata delantera sobre el hombro del otro. De hecho, la aproximación más cercana que tienen los perros a lo que nosotros conocemos como abrazo tiene un significado muy distinto al de la amistad. Que un perro se ponga encima de otro tiene que ver con alguna forma de estatus social y competencia por recursos, por lo que los abrazos se consideran una forma de manipulación y control del poder.
A pesar de que los abrazos se asocian con el juego y no necesariamente con algo agresivo, los especialistas en comportamiento canino pueden considerarlos un comportamiento muy asertivo y dominante. No es de extrañar, entonces, que muchos dueños y personas sean mordidos con mayor frecuencia durante interacciones aparentemente inofensivas, como acariciar, abrazar o inclinarse sobre el perro.
La razón detrás del rechazo innato de nuestros perros hacia los abrazos humanos radica en que los humanos y los primates valoran el contacto ventral o pecho a pecho, inconscientemente asociado con sensaciones de placer provenientes de la lactancia. Los perros no tienen este tipo de asociación positiva y, por tanto, no aprecian de forma natural este tipo de contacto. Nosotros rodeamos los hombros de otra persona con los brazos como señal de afecto, pero en el mundo canino, una pata sobre el hombro es señal de dominancia o asertividad. Por eso, cuando intentamos abrazar a un perro nuevo o desconocido, es comprensible que pueda interpretar ese gesto como una amenaza y decida huir, someterse o responder al desafío.
¿Has notado esta reacción en tu perro?
Crédito de la imagen destacada