Lo que se ha pasado por alto en todas estas campañas de concienciación es la salud y el bienestar de las mascotas. ¿Representa tu hábito de fumar un riesgo para la salud de tu perro?
Según datos disponibles de la ASPCA, hay 71 millones de dueños de mascotas en los Estados Unidos, y aproximadamente una quinta parte de ellos son fumadores. La exposición al humo de segunda mano mata a un estimado de 50.000 estadounidenses cada año. Además, hay hasta cuatro millones de niños que viven en hogares donde están expuestos al humo de segunda mano, y en muchos de esos hogares también hay perros.
Numerosos estudios han concluido que los perros, al igual que los gatos, enfrentan riesgos para la salud similares a los de los humanos expuestos al humo de segunda mano. Estos riesgos incluyen reducción de la capacidad pulmonar, problemas sinusales y cáncer.
También es posible que los perros desarrollen cáncer de pulmón o cáncer de senos nasales. Un estudio realizado en el estado de Colorado descubrió que los perros que vivían con fumadores tenían una mayor incidencia de tumores en la cavidad nasal que los que vivían en hogares sin fumadores. Las razas de perros con hocicos más largos, como los Collies, tienen una probabilidad significativamente mayor de desarrollar tumores en los senos nasales y cáncer en comparación con las razas de hocico corto o mediano.
Los expertos creen que esta mayor tasa de incidencia está relacionada con los conductos nasales más largos de ciertas razas. Los perros con hocicos más largos tienen una mayor superficie en la cavidad sinusal donde las toxinas y los carcinógenos pueden depositarse antes de llegar a los pulmones. Además, todas las razas de perros corren el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón como consecuencia de que esos carcinógenos terminan llegando a los pulmones.
Los cigarrillos, los cigarros y el tabaco de pipa liberan más de 4.000 sustancias químicas en el humo de segunda mano. Entre estas sustancias se encuentran toxinas peligrosas como el monóxido de carbono, el formaldehído, el arsénico, el benceno, el cromo, el níquel y el cloruro de vinilo. Cada una de estas toxinas representa una amenaza grave para la salud de tu perro, aumentando el riesgo de enfermedades crónicas y muerte.
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