En lo que respecta a las enfermedades, el debate entre interior y exterior parece tener una respuesta obvia. Los expertos estiman que hay más de 50 millones de gatos callejeros en Estados Unidos, y muchos de estos felinos ferales portan enfermedades que pueden contagiarse a tu mascota. El sida felino, el moquillo y la leucemia son solo algunas de las graves dolencias —potencialmente mortales— que tu mascota puede contraer. Los parásitos, como las garrapatas y los gusanos intestinales, son otra razón de preocupación cuando el minino sale al exterior. Aunque los gatos de interior también pueden contraer parásitos, los gatos de exterior tienen un riesgo de infección mucho mayor, lo que puede provocar síntomas que van desde infecciones cutáneas hasta vómitos y diarreas graves. Además, los gatos que salen a la calle pueden enfrentarse a carreteras con mucho tráfico, ataques de animales salvajes y contacto con tóxicos como el anticongelante, y son los responsables de la muerte de millones de aves canoras cada año.
Por otro lado, si mantienes a tu gato en el interior, hay varias maneras de asegurarte de que tenga una vida sana y satisfactoria. Proporcionarle un compañero a tu amigo felino —otro gato, o incluso un perro en algunos casos— le dará una salida para el juego, el ejercicio, el aseo y el afecto cuando estés fuera de casa. Los gatos también disfrutan de juguetes, como los punteros láser o las llamadas “cañas de pescar” para gatos, que son estimulantes tanto a nivel físico como mental. Jugar con estos juguetes unos minutos al día le brinda a tu gato una salida para sus instintos de caza naturales. Los gatos de interior también necesitan superficies adecuadas para rascar, así que asegúrate de que tu mascota tenga varios rascadores repartidos por la casa. Puedes crear un oasis interior estimulante para tu gato proporcionándole lugares para trepar, escondites, perchas en zonas soleadas y entretenimiento desde dentro, como comederos o baños para pájaros a la vista de las ventanas.