Durante mucho tiempo se ha creído que los gatos negros tienen el poder de controlar el destino humano.
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En la cultura occidental, se suele pensar que los gatos negros traen mala suerte a quienes los ven y a sus dueños. Esta creencia proviene en gran parte de su asociación con la brujería durante la Edad Media. Se esperaba que hechiceros y brujas tuvieran un familiar animal, un espíritu demoníaco que les ayudaba a realizar sus actos malignos. Estos familiares solían adoptar la forma de búhos, sapos o gatos, especialmente los negros. Es más, se creía que los gatos negros podían ser brujas disfrazadas, mujeres que supuestamente poseían el poder de transformarse en animales negros.
Los Peregrinos que colonizaron América llevaron al Nuevo Mundo la creencia de que el gato negro tenía la capacidad de provocar calamidades. En los primeros pueblos, cualquier persona que fuera sorprendida teniendo un gato negro como mascota era severamente castigada, por temor a que su presencia pusiera en peligro el destino de toda la comunidad. Debido a sus connotaciones malignas, el gato negro se convirtió en una popular decoración y disfraz de Halloween, y sigue siendo uno de los símbolos más representativos de esta festividad.

Sin embargo, en el mundo occidental no siempre se creyó que los gatos negros traían desgracias. Si bien un gato cruzando tu camino solía ser un presagio seguro de muerte y sufrimiento para tu familia, en Alemania todo dependía de la dirección en que el gato se moviera. De derecha a izquierda, y te esperaba una mala racha. De izquierda a derecha, en cambio, tenías felicidad por delante.
Los marineros rara vez zarpaban sin un gato a bordo. No solo eran útiles para librar el barco de ratones, que solían roer las cuerdas y propagar enfermedades, sino que también se pensaba que aseguraban el regreso seguro del navío a puerto. Si bien cualquier gato traía buena suerte, el gato negro era el más afortunado de todos en alta mar. A veces, las esposas de los pescadores tenían gatos negros mientras esperaban el regreso de sus maridos, con la esperanza de que la buena suerte de su compañero se extendiera a él durante sus viajes.
El Rey Carlos I poseía un gato negro que consideraba tan fundamental para su buena fortuna que lo tenía bajo guardia permanente por temor a perderlo. Según cuenta la historia, el gato murió el día antes de que Oliver Cromwell llegara al poder, y el rey fue destronado y decapitado, lo cual fue sin duda un giro muy desafortunado de los acontecimientos.
En las culturas orientales, los gatos negros casi siempre han sido considerados presagios de buena fortuna. En Japón, se cree que una mujer que comparte su hogar con un gato negro está destinada a tener muchos pretendientes.
Sea cual sea el folclore del pasado, los dueños de gatos negros de hoy en día saben que son compañeros maravillosos y que tienen mucha suerte de tenerlos.
