Consejos útiles para detener los ladridos excesivos

July 27, 2014 • jaime

Consejos útiles para detener los ladridos excesivos
No hay nada más frustrante que intentar callar a un perro que ladra sin parar. Los ladridos excesivos pueden ocurrir en diversas situaciones y por distintas razones. Un caso habitual es cuando llegan visitas a casa: suena el timbre y tu perro se lanza a una interminable sesión de ladridos. Otro ejemplo sería el ladrido excesivo como señal de estrés cuando el dueño se ausenta.
 
Independientemente de la situación, hay medidas que puedes tomar para ayudar a tu perro a no ladrar en exceso. Las claves para lograrlo son la paciencia y la constancia. Recuerda que es importante ser firme, pero razonable al entrenar a tu perro. Perder los nervios no va a mejorar las cosas. Además, tu perro no aprenderá en una sola sesión de entrenamiento; se necesita una práctica constante para cambiar su comportamiento.
 
No grites
Una reacción habitual ante los ladridos excesivos es gritar "¡cállate!" al perro. Recuerda que tu perro es un animal, no una persona. No tiene ni idea de lo que significa "cállate". De hecho, cuando alzas la voz solo estás reforzando los ladridos, porque el perro cree que, al gritar, te estás uniendo a él.
 
En su lugar, usa una voz suave pero firme con la orden "quieto". Puedes lograr que tu perro asocie esa acción con la palabra "quieto" mediante el entrenamiento. Cuando tu perro esté ladrando, utiliza un tono firme y dile "quieto". Espera a que deje de ladrar por sí solo (aunque solo sean unos segundos para tomar aire) y, cuando lo haga, recompénsalo con elogios y un premio.
 
Esto ayudará a tu perro a asociar la palabra "quieto" con una actitud tranquila y le enseñará que obedecer esa orden tiene su recompensa.
 
Ignora a tu perro
Si cuando llegas a casa después de hacer recados o de una larga jornada de trabajo tu perro se desata en un frenesí de ladridos, lo mejor que puedes hacer es ignorarlo. Esos ladridos son una llamada de atención por su parte. Si lo miras a los ojos o lo recompensas físicamente con caricias, le estás enseñando que no solo está bien ladrar, sino que así conseguirá lo que quiere.
 
Cuando llegues a casa, pasa junto a tu perro sin hacer ningún contacto con él hasta que deje de ladrar. Eso sí, presta mucha atención, porque en el momento en que tu perro se calle es cuando debes darle cariño y atención como recompensa positiva por estar más tranquilo y callado.
 
Desensibiliza y prepara a tu perro
Con tiempo y esfuerzo, también puedes desensibilizar a tu perro a los estímulos que provocan los ladridos excesivos. Si la puerta principal y el timbre son un problema en particular, trabaja para desensibilizarlo ante estos estímulos. Empieza pidiéndole que se siente y se quede en un lugar concreto desde donde pueda ver la puerta, pero sin estar cerca de ella. Acércate a la puerta y tócala, asegurándote de que tu perro se queda en su sitio.
 
Si se queda quieto, recompénsalo por ese comportamiento. Ve avanzando poco a poco: gira el pomo, abre la puerta y pide a alguien que se quede fuera. En cada etapa, tu perro debe aprender a quedarse en su sitio. Espera encontrarte con contratiempos, especialmente cuando llegues al punto de tener a alguien fuera de la puerta o tocando el timbre. Mantén la constancia con los elogios, los premios y las correcciones.
 
En el caso de la ansiedad por separación, una buena forma de prevenir los ladridos excesivos es preparar a tu perro con antelación. Un perro cansado es un perro feliz, y un perro feliz no ladra sin parar. Si vas a estar fuera durante períodos prolongados, saca tiempo por la mañana para llevarlo a pasear y así liberar su energía antes de marcharte. Esto ayudará a tu perro a asentarse durante el día y a evitar los ladridos excesivos en tu ausencia.

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