Los gatos son famosos por caer de pie, pero este nivel de destreza felina requiere una física bastante compleja. Gracias a su extraordinaria flexibilidad y a un oído interno especialmente diseñado, los gatos son verdaderos maestros a la hora de caer de pie incluso desde las caídas más comprometidas.
Los gatos tienen más vértebras en su cuerpo que los humanos, lo que les permite girar y retorcerse con agilidad cuando necesitan reaccionar rápidamente. Esto es especialmente importante cuando tu compañero salta o cae, ya que el gato utiliza sus rápidos reflejos y su flexibilidad para aterrizar sobre sus patas. Para lograrlo, tu mascota se sirve de su sentido de la vista y de su sistema de equilibrio del oído interno para determinar rápidamente cuál es la parte de arriba, y luego gira las patas delanteras para que queden mirando hacia abajo. El resto del cuerpo sigue el mismo movimiento, lo que le permite a Kitty aterrizar de forma rápida y fluida sobre sus patas.
Además de su columna vertebral flexible, los gatos cuentan con otras características físicas que les ayudan a aterrizar con gracia, como su cuerpo pequeño, sus huesos ligeros y su pelaje espeso, que contribuye a frenar las caídas y amortiguar los impactos. Sus clavículas también les aportan una flexibilidad adicional, ya que en los felinos estos huesos son flotantes, a diferencia de lo que ocurre en otros mamíferos. Si alguna vez has visto a tu mascota caer de espaldas, probablemente habrás notado cómo gira la parte delantera para que las patas queden orientadas hacia el suelo, con las patas traseras siguiendo el mismo movimiento. Su cola le ayuda a reajustar su posición durante la caída, manteniendo a Kitty nivelado hasta que toca el suelo.