Todos sabemos que los perros tienen ciertas tendencias en cuanto a sus hábitos alimenticios. A veces no pueden evitar darse un bocadillo con la misma comida dos veces. Esto genera una variedad de situaciones muy incómodas para los dueños de mascotas; la primera que viene a la mente es que, tras una comida maloliente, no tienen ningún problema en lamerle la cara. Pero el mal aliento y el riesgo constante de contraer parásitos también son motivos de preocupación. Más allá de eso, es simplemente asqueroso y para nada una cualidad deseable en una mascota familiar. Entonces, ¿por qué los perros comen heces? ¿Y qué se puede hacer al respecto?
Causas de la Coprofagia
Esa confusa palabra con "C" en el encabezado anterior es el término médico oficial para referirse al consumo de heces, y suena bastante más aséptico, por lo que es mucho más preferible a otros términos populares como: mordisquear cacas, degustar deposiciones o engullir excrementos. Así que evitaremos ese tipo de lenguaje a partir de ahora.
La coprofagia en los perros es posiblemente un remanente evolutivo de sus días como carroñeros, cuando eran más parecidos a los lobos. También puede ser un comportamiento aprendido. ¿De dónde podrían haberlo adquirido los perros que comen heces?
De ti.
Esto se debe, por supuesto, a una mala interpretación de tus acciones. Cuando un perro te ve limpiando, podría malinterpretar tus intenciones. O quizás lo has regañado en el pasado por hacer sus necesidades en un lugar inapropiado. La coprofagia podría ser su (no tan) ingeniosa manera de eliminar la evidencia del delito. También podría ser que haya visto a otro perro hacerlo y lo esté imitando. Al fin y al cabo, la imitación es la forma más sincera de adulación.

Cómo evitar que tu perro coma heces
Hay algunas opciones para mantener el aliento de tu perro en un nivel de olor más aceptable. Podrías tratar la comida de tu perro con un producto químico para hacer que sus heces sean menos apetecibles. Productos comerciales como 4-BID están disponibles para este fin específico. O podrías ir directo al grano y espolvorear un poco de pimienta de cayena directamente sobre las heces. Claro que, si vas a tomarte tanto trabajo, igual lo más sencillo es recoger las heces y tirarlas a la basura. De hecho, esa podría ser la solución más fácil.
Si tienes gatos en el mismo hogar, querrás limitar el acceso de tu perro a la caja de arena. Esto puede ser complicado si tu perro es del mismo tamaño que los gatos. Intenta colocar una reja de seguridad para bebés, o algo similar, de modo que el gato pueda pasar pero al perro le resulte más difícil hacerlo. También podrías probar con la técnica de la "Vergüenza pública":

Pase lo que pase, no regañes a un perro que come heces. Podría asociar ese comportamiento no deseado con tu atención. Es como el viejo dicho de que no existe la mala publicidad. Cuando se trata de la atención de su cuidador, los perros pueden estar dispuestos a aguantar una reprimenda con tal de ser el centro de atención por unos momentos.
Al final, solo hará falta un poco de esfuerzo y quizás algo de creatividad para cambiar el comportamiento de un animal con esta tendencia. Mientras tanto, ¡invierte en unos buenos caramelos de menta!