Rascar el suelo es un vestigio del pasado de los perros, cuando sus ancestros salvajes necesitaban marcar grandes extensiones de territorio. En comparación con los 5 millones de glándulas olfativas de los humanos, los perros tienen entre 125 y 300 millones— lo que significa que su sentido del olfato es exponencialmente superior al nuestro. Los perros tienen glándulas en las patas que secretan feromonas—señales químicas que ayudan a los animales a comunicarse entre sí— y unos cuantos rasguños hacia atrás en la tierra liberan esos químicos en el entorno y en la nariz de otros perros. Esto probablemente resultó muy útil cuando los parientes de nuestros caninos necesitaban marcar y proteger territorios demasiado grandes como para patrullarlos a diario. Al fin y al cabo, las heces pierden su olor una vez que se secan, mientras que el olor de las patas de un perro dura más tiempo. Esto no solo pudo haber ayudado a los ancestros de nuestros caninos a proteger valiosos territorios de caza, sino también a custodiar a las hembras fértiles de la manada.
Rascar con las patas traseras es un comportamiento normal y no destructivo, por lo que no es necesario intentar cambiar este hábito de tu perro. De hecho, el único motivo de preocupación sería si tu mascota normalmente rasca el suelo y de repente deja de hacerlo. Un cambio de comportamiento puede ser señal de que algo está limitando la movilidad de tu mascota y podría derivar en problemas más serios con el tiempo. Sin embargo, si tu compañero canino sigue con su rutina habitual, tu única preocupación debería ser esperar a que deje de hacer su pequeño baile de patas antes de recoger lo que dejó— no sea que te salga tierra, o algo mucho peor, volando a la cara.