Si tu gato se siente incómodo con su caja de arena o le cuesta entrar en ella, lo más probable es que la evite por completo. Asegúrate de limpiarla a fondo una vez al día y de que la arena no esté demasiado honda: con uno o dos centímetros es suficiente. Los gatos prefieren cajas más grandes, así que asegúrate de que tu amigo felino no se sienta agobiado eligiendo una caja de arena de aproximadamente una vez y media el tamaño del gato que la usa. Es posible que tu gato evite la caja de arena porque no le gusta el tipo de arena que utilizas, así que prueba a cambiar a una arena aglomerante sin perfume o a la que usaba cuando era cachorro. La mayoría de los gatos tiene aversión a las cajas cubiertas, y tanto los gatitos como los gatos mayores con artritis encuentran difícil entrar y salir de cajas con los bordes muy altos, así que ten en cuenta estos factores a la hora de elegir una caja de arena.
La mejor manera de evitar los problemas con la caja de arena es prevenirlos desde el principio, así que haz que la caja de tu gato sea lo más atractiva posible siguiendo las pautas anteriores. Si tu gato ya está haciendo sus necesidades fuera de la caja, intenta colocarla en el lugar que él prefiere e irla desplazando poco a poco hasta la ubicación deseada con el tiempo. También puedes disuadir a tu gato de usar superficies inadecuadas haciéndolas menos atractivas; por ejemplo, colocando su comedero en ese lugar, o usando alfombrillas de espiga boca abajo, papel de aluminio o cinta adhesiva de doble cara en la zona donde haya hecho sus necesidades en el pasado. Presta atención al comportamiento de tu gato para detectar cualquier problema antes de que se convierta en un mal hábito. Si tienes dudas, consulta a tu veterinario, ya que algunos problemas con la caja de arena pueden deberse a enfermedades graves como infecciones del tracto urinario, cálculos renales o cistitis intersticial felina.