El primer paso para enseñarle a tu minino a acompañarte al aire libre es encontrar un arnés que le quede bien. Los dos tipos principales de arneses son los de tiras, compuestos por varias correas que se ajustan cómodamente alrededor del cuello y el lomo del gato, y los tipo chaleco, que son piezas de tela que se colocan exactamente como su nombre indica. Los chalecos se cierran con velcro o broches y ofrecen mayor cobertura al gato, lo que los convierte en una buena opción para los felinos que podrían escabullirse de las tiras. El arnés debe quedar ajustado, pero no demasiado apretado: como regla general, deberías poder introducir uno o dos dedos bajo el arnés abrochado, pero no más.
Es probable que tu gato esté receloso en su primera salida al exterior, así que da pasos lentos y seguros. Lleva a tu gato con arnés al exterior en brazos y colócalo en el suelo, dejándole explorar a su propio ritmo en un lugar tranquilo. Recuerda nunca forzar a tu gato más allá de su zona de confort: los paseos con correa están pensados, al fin y al cabo, para ser una experiencia agradable para tu mascota. Algunos gatos son naturalmente nerviosos o tímidos y puede que no sean buenos candidatos para los paseos, por lo que es importante prestar atención a cómo responde tu mascota al adiestramiento. Si parece feliz de continuar, eso sí, recuerda realizar siempre el adiestramiento con correa cuando el gato tenga hambre y responda a los premios, y terminar siempre cada sesión en positivo: es decir, hay que dar la sesión por concluida cuando tu gato, por ejemplo, se tire al suelo meneando la cola. Con algo de práctica y paciencia, muchos dueños descubrirán que, tras un tiempo al aire libre, su gato es más feliz y está más relajado.